Mons. Tomás Carrasco “Como Juan Bautista estamos llamados a ser una voz que conduce al encuentro con Cristo”

Fieles se reunieron para festejar a su Santo Patrono San Juan Bautista y dar gracias a Dios por un nuevo aniversario de esta Iglesia que peregrina en el desierto, renovando su llamado a ser una comunidad de oración, misión y esperanza.
Por Marcelo Barrera Cortés
Con una solemne Eucaristía, la comunidad diocesana de El Loa celebró este miércoles 24 de junio la Fiesta Patronal de San Juan Bautista en la Catedral de Calama, templo principal de la diócesis y dedicado también al santo precursor de Jesús.
La celebración fue presidida por el obispo de Calama, monseñor Tomás Carrasco Cortés, junto a la mayoría del clero diocesano, además diáconos permanentes, religiosas, agentes pastorales, integrantes de bailes religiosos y numerosos fieles que se reunieron para agradecer a Dios por la vida de esta Iglesia particular.
Durante su homilía, el obispo destacó que San Juan Bautista no es solamente una figura del pasado, sino un modelo permanente para la Iglesia de hoy.
“San Juan Bautista nos sigue enseñando con su palabra y con su presencia que el rostro de la Iglesia diocesana tiene un ejemplo que seguir: un ejemplo de humildad, de valentía y de decisión”, expresó.
Monseñor Carrasco recordó que el patrono de la diócesis fue llamado desde el seno materno para una misión concreta: preparar el camino al Mesías, y afirmó que esa misma tarea corresponde hoy a la Iglesia de Calama.
“Como Juan Bautista estamos llamados a ser una voz que ayuda a nuestro pueblo, una voz que conduce al encuentro con Cristo y que señala con claridad: ‘Ahí está el Cordero de Dios’”, señaló.
El pastor diocesano también realizó una acción de gracias por la historia de la Iglesia de Calama, recordando los 120 años de la Catedral y el legado de obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, catequistas, agentes pastorales y tantos fieles que, desde distintos servicios y muchas veces en el silencio, han contribuido a construir esta porción del Pueblo de Dios en el desierto.
“Si esta Catedral hoy está llena es porque ustedes han sido testimonio para los que vienen y para los que vendrán. Han preparado el camino para que otros crean”, manifestó.
Asimismo, hizo un llamado a las comunidades a no acomodarse y a vivir una fe más profunda desde la experiencia del silencio y la oración.
“Las huellas de Dios están en la soledad, están en el desierto. Allí habla Dios y allí podemos descubrir nuestra vocación y nuestra misión”, afirmó, invitando especialmente a los jóvenes a abrir su corazón al llamado del Señor y pidiendo nuevas vocaciones sacerdotales, religiosas y laicales.
Monseñor Carrasco también reconoció el aporte de los bailes religiosos, destacando que son una expresión viva de la fe y de la identidad de la diócesis, llamados igualmente a preparar el camino del Señor mediante su testimonio y devoción.
Espíritu de San Juan Bautista: un reconocimiento a la fidelidad y el servicio
Uno de los momentos más emotivos de la celebración fue la entrega de la distinción “Espíritu de San Juan Bautista”, un reconocimiento que ya se ha convertido en una hermosa tradición diocesana y que busca destacar a hombres y mujeres que, desde sus comunidades, han dado un testimonio ejemplar de fe, servicio y amor a Dios.
En esta oportunidad fueron reconocidos once agentes pastorales, uno por cada parroquia de la diócesis, quienes han desarrollado una extensa trayectoria de entrega en sus comunidades y en los distintos ambientes donde sirven y anuncian el Evangelio.
Los homenajeados fueron:
Nilda Cruz Plaza, de la Parroquia Nuestra Señora de la Merced.
Matrimonio Soto Calderón, de la Parroquia Jesús Obrero.
Glenda Mercedes Araya Araya, de la Parroquia Asunción de la Virgen.
Ana Chocobar Chávez, de la Parroquia San José Obrero.
Ana María Vargas Huaca, de la Parroquia San Pablo.
Sabina Alejandra Godoy Rosales, de la Parroquia San Juan Bautista.
Milza Mercedes Aguirre Zamorano, de la Parroquia El Salvador.
Edgar Rigoberto Colamar Colamar, de la Parroquia San Francisco de Chiu Chiu.
Leonel Hernán Gómez Araya, de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe de Ayquina.
Gonzalo Luis Núñez Rodríguez, de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes.
Heve Ramiro Espíndola Chocobar, de la Parroquia San Pedro de Atacama.
Cada uno recibió una medalla que simboliza la fidelidad, el servicio y el amor a Dios, convirtiéndose en un signo concreto de la acción del Espíritu Santo en las comunidades y en un ejemplo para las nuevas generaciones de discípulos misioneros.
Fuente: Comunicaciones Diócesis de Calama



