Arzobispo emérito de Urgel visitó Calama para reencontrarse con el Padre Enrique Olivé y fortalecer el espíritu misionero

Monseñor Joan Enric Vives Sicilia, que fue recibido por obispo de Calama Tomás Carrasco destacó la figura del sacerdote español que lleva más de 60 años de misión en la zona y valoró el legado pastoral de quienes entregaron su vida al norte de Chile. Durante su estadía en la Diócesis San Juan Bautista, además encabezó un retiro espiritual para sacerdotes, diáconos y consagrados.
Con una visita marcada por la fraternidad, la memoria misionera y el cariño hacia la Iglesia del norte de Chile, el arzobispo emérito de Urgel y ex copríncipe de Andorra, monseñor Joan Enric Vives Sicilia, llegó hasta la Diócesis San Juan Bautista de Calama, teniendo como principal propósito reencontrarse con el querido sacerdote misionero Enrique Olivé, quien lleva más de seis décadas de servicio pastoral en esta tierra.
La visita del prelado español estuvo profundamente marcada por el reconocimiento a la obra evangelizadora desarrollada por el Padre Enrique, a quien definió como “el prototipo de misionero”, resaltando su amor y entrega total a la comunidad atacameña.
“Él no quiere regresar a España, sino que se ha hecho carne y sangre de esta tierra atacameña, de este norte tan espléndido de Chile”, expresó monseñor Vives, agregando que el sacerdote “ama el alma chilena y el alma norteña de Chile”.
El arzobispo recordó además que conoció el trabajo misionero en el norte chileno durante una primera visita realizada en 1992, cuando siendo rector del Seminario Mayor de Barcelona buscaba impulsar experiencias pastorales para jóvenes sacerdotes en las diócesis de Calama, Antofagasta y Copiapó.
En ese contexto, destacó la huella dejada por misioneros españoles en la zona, mencionando a figuras como el Padre José Cadevall, el Padre Jordi Jorba, además de religiosas y agentes pastorales que entregaron su vida al servicio de las comunidades del desierto.
“Enrique Olivé es un gran misionero, uno que llega a Chile y se hace de acá. un chileno más que ama este país y ya no quiere regresar. Quiere morir acá, dando su vida a esta misión”, afirmó.
Monseñor Vives comparó la fidelidad del sacerdote con “un desposorio” con la Iglesia de Calama. “Es como el que ama a una esposa para toda la vida. Eso se visibiliza en la persona y en la vida del Padre Enrique Olivé”, sostuvo emocionado.
Retiro espiritual y mensaje de esperanza
Durante su permanencia en Calama, el arzobispo emérito también encabezó un retiro espiritual dirigido a sacerdotes, diáconos y personas consagradas de la diócesis, instancia solicitada por el obispo Tomás Carrasco Cortés.
En sus reflexiones, llamó a no perder la esperanza ante los desafíos actuales de la Iglesia y de la sociedad.
“No podemos desanimarnos. El Señor está con nosotros día tras día hasta el fin del mundo, y eso nos tiene que llenar de alegría y de fuerza”, señaló.
Asimismo, abordó las dificultades sociales que afectan a las comunidades, como las adicciones, la pérdida del interés por la vida pública y las crisis valóricas, insistiendo en la necesidad de promover un “catolicismo social” comprometido con la dignidad humana y cercano a las problemáticas de las personas.
El desafío de revitalizar las misiones
Otro de los temas centrales abordados por monseñor Vives fue la necesidad de reimpulsar el espíritu misionero entre sacerdotes, religiosos y laicos.
El arzobispo recordó que España continúa siendo un país profundamente misionero y planteó la posibilidad de generar nuevas experiencias de servicio pastoral internacional, incluso con profesionales laicos.
“Sería bueno reanimar estas experiencias. Que profesionales o laicos quisieran venir algunos años a servir en misión. ¿Por qué no?”, comentó, poniendo como ejemplo a una familiar médica que viaja periódicamente a África para colaborar en operativos de salud.
Iglesia, migración y libertad religiosa
En la extensa conversación sostenida durante su visita, monseñor Vives también reflexionó sobre el fenómeno migratorio, llamando a promover sociedades abiertas, respetuosas y capaces de integrar a quienes llegan buscando mejores oportunidades.
“Todos fuimos extranjeros alguna vez”, afirmó, añadiendo que los países receptores deben acoger con humanidad, pero también generar condiciones para que las personas puedan desarrollarse dignamente en sus lugares de origen.
Finalmente, expresó preocupación por la situación de los cristianos perseguidos en distintas partes del mundo, haciendo un llamado a defender la libertad religiosa y el respeto entre los pueblos.
“Tenemos que crear un mundo donde haya diálogo, reconocimiento mutuo y respeto a las diferencias. La libertad religiosa debe ser para todos”, concluyó.



