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Obispo de Calama en la solemnidad de San Lorenzo: “Una vida entregada por amor nunca es una vida perdida”

La comunidad de la capilla San Lorenzo celebró la fiesta de su patrono junto al obispo Tomás Carrasco y los diáconos permanentes de la Diócesis San Juan Bautista de Calama, destacando el servicio y la entrega como ejes de la vocación cristiana.

Por Marcelo Barrera Cortes

Este lunes 10 de agosto, la comunidad de la capilla San Lorenzo celebró la solemnidad de su santo patrono, San Lorenzo, mártir de la Iglesia de Roma y patrono de los diáconos y de los mineros.

La Eucaristía fue presidida por el obispo de Calama, Mons. Tomás Carrasco Cortés, y contó con la participación de los diáconos permanentes de la Diócesis San Juan Bautista, junto a sus esposas y familias. La celebración fue concelebrada por el padre Ricardo Sotelo, sacerdote encargado del acompañamiento de los diáconos permanentes y sus esposas, y el padre Hugo Amador, párroco de la comunidad de la Asunción de la Virgen, a la que pertenece la capilla San Lorenzo.

En su homilía, el obispo centró su reflexión en una frase que definió como la “columna vertebral” de la celebración: “Una vida entregada con amor nunca es una vida perdida”. A partir de la imagen evangélica del grano de trigo que cae en tierra y muere para dar fruto, invitó a comprender la vida cristiana como un camino de entrega y servicio.

Mons. Carrasco destacó que San Lorenzo fue diácono y puso toda su existencia al servicio de Cristo y de la Iglesia, hasta entregar su vida. En este sentido, señaló que el diaconado no es solamente una responsabilidad dentro de la comunidad, sino una vocación destinada a configurar la vida con Cristo.

“El diácono está llamado a llevar el corazón del altar a la calle”, afirmó, explicando que el ministerio debe prolongarse en la vida cotidiana, llegando a las familias, los enfermos, los pobres, quienes viven en soledad y quienes necesitan una palabra de esperanza.

El obispo agradeció también el servicio de los diáconos y reconoció especialmente a sus esposas y familias por el acompañamiento que realizan. “Doy gracias a Dios, pero gracias también a ustedes por haber dicho sí un día”, expresó.

Durante la homilía llamó además a “morir” al orgullo, al deseo de reconocimiento, al protagonismo y a la comodidad, para descubrir una nueva disposición al servicio: ceder, escuchar, perdonar y estar disponibles para los demás.

Finalmente, invitó a no desanimarse cuando los frutos del servicio no aparecen inmediatamente. “Nosotros ponemos la semilla, Dios la hace crecer”, recordó, destacando que incluso los pequeños gestos realizados por amor pueden dar fruto.

La celebración concluyó con la oración por los diáconos permanentes, sus familias y toda la comunidad diocesana, pidiendo la intercesión de San Lorenzo y de la Virgen María.

El obispo dejó como desafío una pregunta: “¿Qué estoy dispuesto a entregar para que otros tengan vida?”, recordando que una vida entregada por amor a Cristo y a los hermanos, aunque parezca pequeña, siempre dará fruto.

Fuente: Comunicaciones Diócesis San Juan Bautista de Calama.

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